La educación superior


En el transcurso de las dos últimas décadas se ha visto la creación de la carrera de arte dramático en diferentes universidades públicas (tradicionalmente sólo la profesionalización se daba en la Universidad Veracruzana y en la Nacional de México); la BUAP incorpora dicha licenciatura en 1997, época en que las instituciones federales aplicaron reformas universitarias y limitaciones presupuestales que respondieron a las políticas e inercias empresariales y del mercado, lo que obliga a aplicar los principios de eficiencia, eficacia y calidad que trastocan ineludiblemente a las expresiones artísticas. Por un lado, es necesario observar que en los últimos años se reconocen los esfuerzos y las buenas intenciones de la universidad por crear una infraestructura adecuada a las necesidades de los estudiantes para el desarrollo de sus potencialidades; no obstante, los egresados que logran formar grupos se enfrentan, dentro de la misma universidad, a un incipiente apoyo para sus presentaciones.

Los espacios se rentan preferentemente a los artistas y grupos comerciales que logran cubrir las cuotas que se cobran para sus presentaciones porque esto implica mayores ingresos. En un país en donde el presupuesto de las universidades ha disminuido como resultado de la poca financiación de los gobiernos neoliberales que empujan hacia la mercantilización, se puede entender la necesidad de buscar ingresos propios. No obstante, se observa que hay pocas oportunidades para los grupos incipientes que no pertenecen a compañías ya establecidas en los foros más emblemáticos, en horarios que garantizan mayor afluencia de públicos.

Más allá de las justificadas estrategias diseñadas para generar ingresos, el fenómeno del mercado ha ido mermando la “idea y sentido de comunidad de que gozaba la universidad” (Di Napoli, 2010: 194), en donde originalmente se generaba la crítica y reflexión de los sucesos sociales, económicos e ideológicos. Son los grupos que egresan de sus propias aulas los que permiten, por el espíritu universitario que genera la autonomía, dinamizar el encuentro con la sociedad y crear el “debate crítico, la interpretación y la reflexión de la de la cual puede surgir tanto el acuerdo como la oposición” (De Napoli, 2010: 197). En la realidad encontramos, en los foros principales, más presentaciones de artistas moldeados por el mercado y para el consumo; en cambio, para el teatro experimental o llamado de búsqueda -integrado en su mayoría por profesionales universitarios- encuentra escasos espacios para desarrollar sus actividades.