El grupo teatral


Cuando hay autonomía entonces se fortalecen los grupos y los individuos. La formación grupal para la presentación de obras dramáticas es el camino que logran encontrar los profesionistas en arte dramático para fortalecer sus convicciones, deseos y proyectos. Al anteponer sus aspiraciones, como una forma de encontrar su lugar en la sociedad, el individuo se está enfrentando al poder que por mucho tiempo lo mantuvo en una situación pasiva. Al agruparse, el sujeto se reencuentra a sí mismo y ve cómo se aleja de las diversas actividades que no corresponden a su profesión para lograr, entonces, redignificarse en su actividad artística. Esto no es un asunto menor en la medida en que se es reconocido por la sociedad como un sujeto productivo que genera conocimiento, cultura y sensibilidad estética; asimismo, implica ofrecer tiempo valioso para “cultivar con amorosa atención las propias experiencias interiores… y le garantiza celosamente una absoluta originalidad” (Eco, 1981: 45).

Es claro que la profesión actoral es de las pocas actividades que no pueden realizarse desde la individualidad; es un ejercicio que requiere de los demás para desarrollarse con plenitud y seguridad; además, favorece el encuentro de la potencialidad creativa, la cual se materializa al descubrir las diversas expresiones en la puesta en escena.

El trabajo grupal se debe centrar en el potencial creativo que impulsa la cultura y sensibilidad que cualquier sociedad requiere. Si bien el contexto es un elemento que ha influido negativamente en el quehacer de los profesionistas dedicados a las artes, también es cierto que ha servido como impulso, para el reposicionamiento social a través del grupo.

La multiplicación de dichos grupos se ha fortalecido paralelamente con los espacios en los que se presentan las obras dramáticas, lo que ha dado como resultado despertar el interés de nuevos espectadores que no recurrían a este tipo de espectáculos.