El camino a la autonomía


Cuando se hace referencia a la autonomía se está hablando de un impulso del sujeto y de la sociedad. Aquí nos centraremos específicamente en el individuo, quien empieza a ejercer su autonomía cuando logra salir de la sujeción, anteponer sus decisiones, pensarse a sí mismo como motor de cambio, a pesar de las contrariedades que genera (reproches, amenazas, chantajes etc.) en la sociedad y en la familia. Existe una fractura radical con la alienación en la toma de decisiones; es decir, con ese “dominio por un imaginario automatizado que se arrogó la función de definir para el sujeto tanto su realidad como su deseo.” (Castoriadis, 2013: 163). El rompimiento con los lineamientos que la sociedad de consumo impone permite priorizar y alcanzar los deseos a través de la conciencia misma del individuo, y hace tomar “otra actitud del sujeto con respecto a sí mismo” (Castoriadis, 2013: 165); también implica la fractura con respecto a la coacción que la sociedad se ha encargado de introyectar en el imaginario. Es, por lo tanto, una acción de autonomía lo que ejercerá el individuo para el encuentro de sus propias acciones:

La autonomía del individuo consiste en el hecho de que otra relación se establece entre la instancia reflexiva y las otras instancias psíquicas, así como entre su presente y la historia mediante la cual se hizo tal como es, permitiéndole escapar a la servidumbre de la repetición, volverse sobre sí mismo y sobre las razones de sus pensamientos y los motivos de sus actos, guiado por la mira de lo verdadero y la elucidación de su deseo. (Castoriadis, 2005: 65)

El actor profesional, al plantearse el proyecto de autonomía, está rebelándose contra la imposición como una necesidad de preservarse, para ello “debe valuar positivamente lo que favorece su conservación y negativamente lo que la desfavorece” (Castoriadis, 2004: 58), asimismo, contraponerse a las expectativas que le depara una comunidad en donde la actividad escénica no tiene oportunidades en espacio, presupuesto o en compañías subsidiadas. Esto debido a las condiciones laborales que el neocapitalismo ha impuesto, pues impiden el reconocimiento de la labor artística en general. A través de la autonomía se ponen en duda los parámetros de las profesiones que la sociedad ha sobrevalorado cuando califica a estas de productivas o improductivas. La dignificación de la actividad teatral implica que el individuo reconozca su identidad, realice sus deseos y genere recursos económicos. Al mismo tiempo, la autonomía conlleva a una transformación social, pues se constituye algo nuevo en el imaginario de la sociedad que irrumpe con los esquemas ya establecidos. En el caso de la actuación, esta empieza a ser concebida como una actividad productiva debido a que se observa que cada año la demanda por ingresar a la carrera es mayor; las objeciones familiares para el estudio de las artes escénicas son menores, entre otros elementos.

El profesionista que ha concluido su formación universitaria se enfrenta a una realidad que difiere de su condición como estudiante; sabe que será necesario buscar el vínculo, las afinidades y la comunicación con los demás miembros de su comunidad para así tratar de asegurar su futuro que, sin el trabajo grupal, no podría lograr.

Dicha autonomía ha impulsado a los actores a agruparse y, al mismo tiempo, a radicalizarse en su profesión para crear estrategias creativas. Muchas de éstas se han dirigido a reconocer aspectos de la idiosincrasia poblana, lo cual les sirve de contragolpe para salir fortalecidos. Se observa con más frecuencia que las puestas en escena se inspiran cada vez más en la propia realidad poblana y se distancian de las tradicionales propuestas universales, las cuales son, finalmente, escenarios e identidades ajenos.

Cabe señalar que lograr la autonomía significa ir en contra de la fuerte inercia que la sociedad impone para que los individuos inmersos en las artes escénicas no reconozcan el poder que ejercen en la conciencia social, así como el poder que alcanzan al realizar el trabajo colectivo. Las limitaciones presupuestales, la falta de espacios o la devaluación de las actividades artísticas, son estrategias hermenéuticas creadas desde la concepción del capitalismo e incrustadas en el diseño de las políticas locales; no obstante, los cambios en el imaginario social se crean desde la subjetividad.