Cuando la realidad y el deseo del individuo están limitados o se encuentran amenazados por una sociedad que representa el poder a través de imposiciones institucionales, legislativas o axiológicas, este busca mecanismos que reorienten nuevamente sus propios proyectos para realizar lo que verdaderamente quiere ejercer. Podríamos afirmar que la sociedad hace a los individuos; sin embargo, ellos pueden penetrar en la blindaje social para transformarla (Castoriadis, 2005), como una de las formas que utilizará para realizar sus deseos, recobrar su identidad y sentido.

Una de las estrategias que el individuo a utilizado para lograr alcanzar sus deseos es la de conformar y participar en grupos que tienen, como condición anticipada, la empatía y objetivos comunes. La agrupación es una característica de la naturaleza humana. Algunos seres vivos se congregan para sobrevivir; el humano no es la excepción, pues se une para preservarse como especie y como vía para su socialización; es, en consecuencia, una de las estrategias para existir. La condición social es la que le ha permitido perdurar en el mundo propio que ha conformado pese a su debilidad física si le compara con otros seres vivos. El humano, finalmente, tiene una morfología limitada en fuerza y habilidad. Dichas características fisiológicas inducen a sospechar que pudo haber sido un accidente dentro del desarrollo biológico. Como individuo aislado sería un número más de las especies en extinción; sin embargo, la formación social, que al mismo tiempo ha permitido el desarrollo mental, es el factor al que se le atribuye su salvación y sobrevivencia. Asimismo, es el que provee de las necesidades básicas del hombre como la “vida, inmunidad y seguridad, pertenencia y afecto, respeto y auto-realización” (Maslow, 2007: 13), elementos que son indispensables para la cohesión y la unidad, necesarios para identificarse como individuos.

Así como la sociedad le da al sujeto una vía de interpretación de sentido y de identidad, los “pequeños grupos” insertos en ella como las comunidades, la familia, gremios, congregaciones religiosas, educativas, entre otras, también cumplen una función de preservación, reconocimiento e integración desde la singularidad; son, finalmente, un apéndice de la sociedad misma que tendrían que fortalecer el desarrollo individual para la realización del sujeto. Es, por lo tanto, condición innata que el hombre se rodee, en contextos ideales, de un medio adecuado que le permita su realización existencial.

No obstante, en el desarrollo de la humanidad se han presentado obstáculos culturales que han limitado la realización plena de los individuos. Vemos como ejemplo la modernidad, cuyos objetivos originalmente estuvieron dirigidos al encuentro del progreso y la felicidad; sin embargo, el incumplimiento trajo consigo vacíos, pérdida de valores, desarraigos, detrimento de principios e identidades, los cuales se agudizarían en el último tercio del siglo XX y las dos primeras décadas del XXI. Actualmente, el sujeto vive una cierta dosis de individualización y de indiferenciación (Simmel, 2004: 680) que se manifiestan en sensaciones de soledad, vacío, aburrimiento y desintegración familiar o gremial. Ante dichas incidencias, el individuo busca formas de convivencia –grupos- que puedan darle reconocimiento, seguridad y armonía; es decir, un equilibrio entre la individualización y la socialización.

El interés por el estudio de los grupos, ya sea en sectores laborales, religiosos, artísticos o educativos, se expande en la medida en que se diversifican los factores que detonan el impulso por congregarse. Algunas causas se deben a la necesidad de impulsar la productividad a través de organizaciones e instituciones gubernamentales, empresariales, educativas o de salud, que buscan un mayor rendimiento laboral y financiero específicamente para incremental el capital; otras, por empatizar en creencias y cultos religiosos. Vista desde otra perspectiva, la necesidad de formar de grupos también se incentiva por los numerosos desequilibrios individuales (enfermedades psíquicas, problemas existenciales, pérdida de la identidad, desviaciones del yo, etc.), que empujan al reconocimiento del ser. El estudio de grupos, en consecuencia, tiene diferentes ángulos, con diversas tendencias y objetivos.

Sin embargo, para lograr la iniciativa de llevar adelante la participación grupal, es necesario detenernos previamente en dos elementos importantes que están íntimamente relacionados: el primero es señalar, como elementos representativos del poder, algunas condiciones adversas, básicamente represivas, que la sociedad institucionaliza a partir de mediados del siglo XX. Dichas condiciones son políticas, sociales y axiológicas, las cuales repercuten en los ámbitos del conocimiento, la educación y en la esfera familiar; esto a través de los valores, hábitos y costumbres. Otro de los elementos necesarios que habrá que preponderar, como segundo punto, es el impulso del individuo por ejercer su autonomía, para la realización de sus deseos, lo que implica sublevarse ante el poder implícito de la sociedad, lo cual ha guiado a los sujetos a renunciar a su mundo:

El individuo social se constituye así interiorizando el mundo y las significaciones creadas por la sociedad –interiorizando explícitamente fragmentos importantes de ese mundo e implícitamente su totalidad virtual por las alucinaciones interminables que unen magmáticamente cada fragmento de ese mundo con los otros. (Castoriadis, 2005: 50).

No hay una conciencia por romper con el dominio social hasta que se encuentra la creatividad y el sentido propio que el individuo desea poseer; en el que se adquiere una conciencia del yo, permitiéndose, entonces, la libertad de ejercer libremente y con sentido sus deseos, ideales y objetivos. Parecería difícil concebir que ante la imposición del poder cualquier intento por superarlo fuera imposible; no obstante, la posibilidad de romper con los obstáculos se vislumbra como una realidad, la cual puede ser ejercida desde cualquier flanco, ya de forma individual como colectiva (Foucault, 1986). Uno de los caminos acordes es a través de la conformación de grupos.

En este trabajo se hace referencia a algunos factores adversos que inciden en las decisiones que toman los posibles estudiantes de teatro y los egresados, quienes se enfrentan a la incertidumbre laboral; es decir, que independientemente de ser una profesión que requiere del trabajo grupal, también es necesario para su realización existencial. El interés surge por algunos factores propios de la localidad, los cuales pudieran ser fenómenos significativos dentro del ámbito de las artes escénicas que, como significaciones imaginarias sociales, marcan nuevas formas y hábitos en la concepción del teatro, tanto en el público como en el propio artista. Estas causas que han incidido en los juicios y en los hábitos culturales de la población, son adjudicadas por la conducta de los individuos que eligieron encontrar su sentido de vida en las artes escénicas.  Elección nada fácil si se consideran las diferentes situaciones adversas a las que se enfrentan, sobre todo en una sociedad como es la poblana, en la que impera el reconocimiento de los individuos a partir de sus condiciones materiales y de consumo (como expectativa de realización) así como de sus valores éticos y morales, siempre que se conduzcan a través de directrices conservadoras basadas en los preceptos religiosos.